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La Coctelera

El Mester de Clerecia

Durante los siglos XIII y XIV surge una nueva escuela de carácter erudito: el mester de clerecía.

Al principio, los clérigos escribían sus obras en latín, pero debido a uso creciente de la lengua romance, terminaron utilizando la lengua popular con el propósito de difundir sus conocimientos entre el pueblo llano.

El mester de clerecía coexistió con el mester de juglaría, pero manteniendo siempre su propio carácter peculiar. Sin embargo las diferencias existentes entre ambos mesteres no son tantas como pudiera parecer a simple vista. El primer dato es que ambos mesteres empleaban el mismo idioma, dirigiéndose a un mismo público. Además, no era extraño que en el mester de clerecía se utilizaran temas extraídos de la épica o de carácter popular.

Sin embargo, las diferencias entre ambos eran notorias:

- Todos los poemas (o al menos la gran mayoría) están escritos en estrofas de cuatro versos alejandrinos (de 14 silabas, divididos en dos hemistiquios de siete) con una sola rima consonante, que reciben el nombre de cuaderna vía.

- El lenguaje de clerecía pretende ser mucho más cuidado y selecto que los juglares.

- El mester de clerecía trata temas eruditos, de materias que no han sido tomadas de la vida ordinaria, accesibles al conocimiento de todos, sino del saber escrito al que no se tenia acceso sin una dedicación estudiosa.

El mester de clerecía se prolongó hasta finales del siglo XIV. Al principio, se atuvo rigurosamente a los moldes métricos del mester. Pero a partir del siglo XIV aparecen formas poéticas distintas, de carácter lirico y metro más breve.

Otra diferencia esencial separa el mester de ambos siglos (siglos XIII y XIV). Al primero pertenecen obras anónimas de carácter impersonal, rígido y objetivo. Pero en el siglo XIV aparecen grandes figuras literarias que firman sus obras, como el Canciller Ayala y el Arcipreste de Hita.

Obras importantes del mester de clerecía son Los Milagros de Nuestra Señora (de Gonzalo de Berceo), el Libro de Buen Amor (el Arcipreste de Hita), el Libro de Apolonio, el Libro de Alexandre, y el Poema de Fernán González.

Gonzalo de Berceo

Nació a finales del siglo XII en la población riojana de Berceo. Estudió en el monasterio de San Millán de la Cogolla, donde sirvió como clérigo secular. Se tiene constancia de que aun vivía en 1262, pero la fecha de su muerte es desconocida.

Berceo es el primer poeta castellano de nombre conocido, y la mayor parte de sus escritos han llegado hasta nosotros.

Además de dos obras doctrinales escribió tres poemas hagiográficos que relatan vidas de santos: Vida de Santo Domingo de Silos, Vida de San Millán de la Cogolla, y Vida de Santa Oria. Los tres se estructuran de la misma forma: biografía del santo, milagros realizados en vida y milagros realizados tras su muerte.

También escribió tres poemas marianos, dedicados a la Virgen: Loores de Nuestra Señora, Plato que hizo la Virgen el día de la pasión de su Hijo Jesucristo y Milagros de Nuestra Señora.

Los Milagros de Nuestra Señora es sin duda la obra más importante de Berceo. Se compone de veinticinco narraciones precedidas de una introducción alegórica. Se trata de veinticinco narraciones de milagros realizados por la Virgen a sus devotos. La fuente latina de estos milagros es una colección de 28 narraciones en prosa.

En la estructura, en primer lugar presenta al personaje, un pecador devoto de la Virgen. Después la Virgen actúa para salvarlo y el relato termina con una moraleja corta para que el lector aprenda a orar y respetar a la Virgen.

Berceo no inventa sino que difunde las historias marianas, escritas en latín, en lengua romance. Pero esto no rebaja la personalidad de Berceo como poeta, ya que simplifica, elabora y redacta en hablar popular, utilizando vocabulario propio del pueblo y refranes.

El recurso literario más eficaz de Berceo es sin duda su habilidad para vulgarizar y acercar relatos solemnes de santos y milagros al pueblo.

El Arcipreste de Hita y el Libro de Buen Amor

Del autor del libro de Buen Amor no conocemos muchos datos, siendo estos incluso dudosos. Su nombre era Juan Ruiz y se supone que nació en Alcalá a mediados del siglo XIV y estudió en Toledo. Desempeñó el cargo de arcipreste en Hita, y quizá sufrió prisión por orden del cardenal Gil de Albornos.

La fecha de redacción de su obra oscila entre 1330 y 1343, perteneciendo este al mester de clerecía. El género de la obra pertenece a la poesía épica culta.

El Libro de Buen Amor esta compuesto por 1728 estrofas, en las que se utiliza el poliestrofismo y la Cuaderna Vía.

El Libro de Buen Amor se estructura de la siguiente forma. Empieza con una parte introductoria, un prologo en prosa, en el que se narra el modo de entender el texto y su sentido. Sigue con una narración autobiográfica ficticia en la que el arcipreste narra sus aventuras amorosas que acaban en fracaso, en la que se intercala una colección de fábulas que sirven para cerrar una aventura o como argumento. Así mismo, la obra también incorpora una paráfrasis del “Pamphilus Amore”, comedia humorística del siglo XII; una alegoría burlesca, de la batalla entre Don Carnal y Doña Cuaresma; disgregaciones sobre temas morales, sátiras y poemas líricos diversos.

El argumento de la obra trata de las aventuras y desventuras de Juan Ruiz. Narra sus aventuras fallidas, ante lo que aparece Don Amor para aconsejarle. Por medio de la vieja Trotaconventos, consigue los amores de doña Endrina, tras lo que la abandona, y al llegar la cuaresma, esta se enfrenta a don Carnal, saliendo este ultimo victorioso. Juan Ruiz se enamora de una monja, doña Garoza y de una mora. Muere la vieja Trotaconventos, ante lo que Juan Ruiz crea una alegoría en su memoria. El libro es por tanto, un tratado de aventuras amorosas, interrumpido por composiciones de distinta naturaleza.

El principal rasgo del estilo de la obra es el tono burlón, irónico y jocoso que la caracteriza, en el que se distingue un espíritu vitalista y divertido. Es de cierto carácter juglaresco, evidenciado en el deseo del autor de que la obra vaya de mano en mano, suprimiéndose y añadiéndose versos según convenga.

La lengua utilizada es viva y expresiva, y utiliza un vocabulario y sintaxis próximas habla popular.

Acerca del verdadero sentido de la obra, unos defienden el carácter didáctico, por lo que se debería interpretar como una lección moral sobre la infelicidad y el alejamiento de Dios, que causa en el hombre el abandonarse al loco amor. Por otro lado, para otros predomina el carácter vitalista y hedonista de la obra, lo que invita al placer y al disfrute de los aspectos más sensuales de la existencia.

El Mester de Clerecia

Durante los siglos XIII y XIV surge una nueva escuela de carácter erudito: el mester de clerecía.

Al principio, los clérigos escribían sus obras en latín, pero debido a uso creciente de la lengua romance, terminaron utilizando la lengua popular con el propósito de difundir sus conocimientos entre el pueblo llano.

El mester de clerecía coexistió con el mester de juglaría, pero manteniendo siempre su propio carácter peculiar. Sin embargo las diferencias existentes entre ambos mesteres no son tantas como pudiera parecer a simple vista. El primer dato es que ambos mesteres empleaban el mismo idioma, dirigiéndose a un mismo público. Además, no era extraño que en el mester de clerecía se utilizaran temas extraídos de la épica o de carácter popular.

Sin embargo, las diferencias entre ambos eran notorias:

- Todos los poemas (o al menos la gran mayoría) están escritos en estrofas de cuatro versos alejandrinos (de 14 silabas, divididos en dos hemistiquios de siete) con una sola rima consonante, que reciben el nombre de cuaderna vía.

- El lenguaje de clerecía pretende ser mucho más cuidado y selecto que los juglares.

- El mester de clerecía trata temas eruditos, de materias que no han sido tomadas de la vida ordinaria, accesibles al conocimiento de todos, sino del saber escrito al que no se tenia acceso sin una dedicación estudiosa.

El mester de clerecía se prolongó hasta finales del siglo XIV. Al principio, se atuvo rigurosamente a los moldes métricos del mester. Pero a partir del siglo XIV aparecen formas poéticas distintas, de carácter lirico y metro más breve.

Otra diferencia esencial separa el mester de ambos siglos (siglos XIII y XIV). Al primero pertenecen obras anónimas de carácter impersonal, rígido y objetivo. Pero en el siglo XIV aparecen grandes figuras literarias que firman sus obras, como el Canciller Ayala y el Arcipreste de Hita.

Obras importantes del mester de clerecía son Los Milagros de Nuestra Señora (de Gonzalo de Berceo), el Libro de Buen Amor (el Arcipreste de Hita), el Libro de Apolonio, el Libro de Alexandre, y el Poema de Fernán González.

Gonzalo de Berceo

Nació a finales del siglo XII en la población riojana de Berceo. Estudió en el monasterio de San Millán de la Cogolla, donde sirvió como clérigo secular. Se tiene constancia de que aun vivía en 1262, pero la fecha de su muerte es desconocida.

Berceo es el primer poeta castellano de nombre conocido, y la mayor parte de sus escritos han llegado hasta nosotros.

Además de dos obras doctrinales escribió tres poemas hagiográficos que relatan vidas de santos: Vida de Santo Domingo de Silos, Vida de San Millán de la Cogolla, y Vida de Santa Oria. Los tres se estructuran de la misma forma: biografía del santo, milagros realizados en vida y milagros realizados tras su muerte.

También escribió tres poemas marianos, dedicados a la Virgen: Loores de Nuestra Señora, Plato que hizo la Virgen el día de la pasión de su Hijo Jesucristo y Milagros de Nuestra Señora.

Los Milagros de Nuestra Señora es sin duda la obra más importante de Berceo. Se compone de veinticinco narraciones precedidas de una introducción alegórica. Se trata de veinticinco narraciones de milagros realizados por la Virgen a sus devotos. La fuente latina de estos milagros es una colección de 28 narraciones en prosa.

En la estructura, en primer lugar presenta al personaje, un pecador devoto de la Virgen. Después la Virgen actúa para salvarlo y el relato termina con una moraleja corta para que el lector aprenda a orar y respetar a la Virgen.

Berceo no inventa sino que difunde las historias marianas, escritas en latín, en lengua romance. Pero esto no rebaja la personalidad de Berceo como poeta, ya que simplifica, elabora y redacta en hablar popular, utilizando vocabulario propio del pueblo y refranes.

El recurso literario más eficaz de Berceo es sin duda su habilidad para vulgarizar y acercar relatos solemnes de santos y milagros al pueblo.

El Arcipreste de Hita y el Libro de Buen Amor

Del autor del libro de Buen Amor no conocemos muchos datos, siendo estos incluso dudosos. Su nombre era Juan Ruiz y se supone que nació en Alcalá a mediados del siglo XIV y estudió en Toledo. Desempeñó el cargo de arcipreste en Hita, y quizá sufrió prisión por orden del cardenal Gil de Albornos.

La fecha de redacción de su obra oscila entre 1330 y 1343, perteneciendo este al mester de clerecía. El género de la obra pertenece a la poesía épica culta.

El Libro de Buen Amor esta compuesto por 1728 estrofas, en las que se utiliza el poliestrofismo y la Cuaderna Vía.

El Libro de Buen Amor se estructura de la siguiente forma. Empieza con una parte introductoria, un prologo en prosa, en el que se narra el modo de entender el texto y su sentido. Sigue con una narración autobiográfica ficticia en la que el arcipreste narra sus aventuras amorosas que acaban en fracaso, en la que se intercala una colección de fábulas que sirven para cerrar una aventura o como argumento. Así mismo, la obra también incorpora una paráfrasis del “Pamphilus Amore”, comedia humorística del siglo XII; una alegoría burlesca, de la batalla entre Don Carnal y Doña Cuaresma; disgregaciones sobre temas morales, sátiras y poemas líricos diversos.

El argumento de la obra trata de las aventuras y desventuras de Juan Ruiz. Narra sus aventuras fallidas, ante lo que aparece Don Amor para aconsejarle. Por medio de la vieja Trotaconventos, consigue los amores de doña Endrina, tras lo que la abandona, y al llegar la cuaresma, esta se enfrenta a don Carnal, saliendo este ultimo victorioso. Juan Ruiz se enamora de una monja, doña Garoza y de una mora. Muere la vieja Trotaconventos, ante lo que Juan Ruiz crea una alegoría en su memoria. El libro es por tanto, un tratado de aventuras amorosas, interrumpido por composiciones de distinta naturaleza.

El principal rasgo del estilo de la obra es el tono burlón, irónico y jocoso que la caracteriza, en el que se distingue un espíritu vitalista y divertido. Es de cierto carácter juglaresco, evidenciado en el deseo del autor de que la obra vaya de mano en mano, suprimiéndose y añadiéndose versos según convenga.

La lengua utilizada es viva y expresiva, y utiliza un vocabulario y sintaxis próximas habla popular.

Acerca del verdadero sentido de la obra, unos defienden el carácter didáctico, por lo que se debería interpretar como una lección moral sobre la infelicidad y el alejamiento de Dios, que causa en el hombre el abandonarse al loco amor. Por otro lado, para otros predomina el carácter vitalista y hedonista de la obra, lo que invita al placer y al disfrute de los aspectos más sensuales de la existencia.

El Cantar de Mio Cid

El Cantar del Mío Cid

I. El Mester de Juglaría

Entre los siglos XII y XIV se compuso una serie de poemas épicos de gran extensión, cuya difusión la realizaban los juglares, que la recitaban de pueblo en pueblo. Esto es el mester de juglaría.
En el mester de juglaría, los poemas se difundían de forma oral, ya que la mayoría de los juglares no sabían ni leer ni escribir, aunque había excepciones. El lenguaje utilizado era popular, para que llegara al pueblo, y muy expresivo, para así atraer la atención de sus oyentes. Los temas empleados solían ser heroicos, y siempre de carácter realista. Esto se hacia para que los poemas llegaran al pueblo, para emocionarlo al mencionar lugares y sucesos conocidos dentro del relato heroico de un héroe.
El mester de juglaría se caracterizaba por tener una métrica irregular; aunque los poemas solían ser octosílabos, los juglares no prestaban demasiada atención a la métrica. No había estrofas, sino tiradas, siendo la mayoría de ellas de rima asonante.

II. Los Cantares de Gesta

Los poemas épicos más populares fueron sin duda alguna, los cantares de gesta. Su popularidad se basa, entre otras cosas, en que no solo eran una expresión literaria de entretenimiento, sino que además, también servían como noticia de hechos bélicos y/o políticos. Además, eran empleados con fines propagandísticos para exaltar determinados sentimientos nacionalistas, sociales o religiosos entre la población.
Se han conservado muy pocas obras de la épica medieval castellana debido en gran medida a que su transmisión era oral y no escrita. Sólo el Cantar del Mío Cid se ha conservado casi integro.
El auge de estos largos poemas decayó a finales del siglo XIV , pero sus temas y muchos de sus rasgos se mantuvieron en las composiciones que los sustituyeron: los romances.

III. El Poema del Mío Cid

El Poema o Cantar del Mío Cid es el único cantar de gesta que ha llegado hasta nuestros días de manera casi integra.
El poema fue desconocido hasta su publicación en 1779. Ha llegado hasta nosotros en una copia única, hecha en 1307 por un copista de nombre Per Abbat, pero se calcula que debió crearse sobre el año 1140. En cuanto a su autor original, se desconoce quien fue.

En cuanto a la métrica, el Cantar se halla escrito en versos de medida irregular; en torno a la dieciséis silabas, y de rima asonante. Los versos con una misma rima forma una tirada, pero la rima cambia en la tirada siguiente. El número de versos por tirada es variable a lo largo de toda la obra.
En la narración se utilizan diversas perspectivas: domina la actitud objetiva, pero son frecuentes las intervenciones del juglar. Alterna los estilos directo e indirecto, varía los tiempos verbales y acelera o retarda el ritmo de la narración a voluntad; introduciendo elementos humorísticos en los momentos de transición, y tendiendo a la concisión y sobriedad en las descripciones.
El tema principal es el honor del protagonista, perdido y recuperado tras numerosos obstáculos. Toda la estructura del poema esta dividida en torno a este triunfo del héroe, y el poema presenta una unidad de tono y estilos, así como una organización cuidada y sólida para engrandecer la figura del Campeador. Mientras que el Cid es el héroe valiente, caballeroso y honrado, los nobles y ricos suelen ser personajes cobardes y malvados, engrandeciendo así al Cid.
El argumento de la obra se divide en tres cantares o fragmentos:
- Cantar del Destierro. El rey Alfonso I destierra al Cid, quien parte con sus amigos y vasallos hacia el exilio, dejando a su esposa doña Jimena y a sus hijas Elvira y Sol en el monasterio de San Pedro de Cerdeña. El Cid y sus seguidores se enfrentan a los moros: vencen en la batalla de Alcocer y saquean las tierras protegidas por el conde de Barcelona, lo que ocasiona un enfrentamiento contra este. Este primer cantar acaba con la liberación del conde, avergonzado por su derrota.
- Cantar de las bodas. El Cid conquista Valencia, lo que significa el enriquecimiento del héroe y el inicio del perdón del rey, que permite la reunión de toda la familia. Una nueva victoria del Cid, aumenta su poder y riquezas, lo que atrae la codicia de los infantes de Carrión, pertenecientes a la alta nobleza leonesa. Piden la mano de las hijas al rey y se celebran las bodas, a pesar de la oposición del Cid.
- Cantar de la Afrenta de Corpes. Los infantes de Carrión dan muestras de cobardía ante la aparición de un león, y al volver a sus tierras, ultrajan y abandonan a doña Elvira y a doña Sol en el robledal de Corpes. El Cid demanda justicia en las cortes convocadas en Toledo, triunfando a pesar del desprecio de los nobles, derrotando a los infantes y recuperando el honor perdido. Finalmente, se pactan nuevas bodas de las hijas con los herederos de Navarra y Aragón.
Los principales rasgos del estilo de la obra son:
- La actitud arcaizante en el uso de la lengua. Ejemplo claro es el empleo de la –e final paragógica en las palabras. Se había perdido a fines del siglo XI, pero el poeta la mantiene para dar un aire antiguo al relato y facilitar la rima.
- La abundancia y variedad del epíteto épico con que aparecen exaltados personajes y lugares; especialmente, al Cid.
- El ajuste del léxico a las distintas realidades que aparecen en el poema. Todos ellos expresados vivamente, con un vocabulario preciso y diverso.
- El predominio de las oraciones yuxtapuestas y coordinadas sobre las subordinadas.
- El recurso a figuras retóricas, como los paralelismos, las comparaciones y los pleonasmos, pero siempre dentro de la sobriedad y la austeridad estilísticas.