I. El Mester de Juglaría
Entre los siglos XII y XIV se compuso una serie de poemas épicos de gran extensión, cuya difusión la realizaban los juglares, que la recitaban de pueblo en pueblo. Esto es el mester de juglaría.
En el mester de juglaría, los poemas se difundían de forma oral, ya que la mayoría de los juglares no sabían ni leer ni escribir, aunque había excepciones. El lenguaje utilizado era popular, para que llegara al pueblo, y muy expresivo, para así atraer la atención de sus oyentes. Los temas empleados solían ser heroicos, y siempre de carácter realista. Esto se hacia para que los poemas llegaran al pueblo, para emocionarlo al mencionar lugares y sucesos conocidos dentro del relato heroico de un héroe.
El mester de juglaría se caracterizaba por tener una métrica irregular; aunque los poemas solían ser octosílabos, los juglares no prestaban demasiada atención a la métrica. No había estrofas, sino tiradas, siendo la mayoría de ellas de rima asonante.
II. Los Cantares de Gesta
Los poemas épicos más populares fueron sin duda alguna, los cantares de gesta. Su popularidad se basa, entre otras cosas, en que no solo eran una expresión literaria de entretenimiento, sino que además, también servían como noticia de hechos bélicos y/o políticos. Además, eran empleados con fines propagandísticos para exaltar determinados sentimientos nacionalistas, sociales o religiosos entre la población.
Se han conservado muy pocas obras de la épica medieval castellana debido en gran medida a que su transmisión era oral y no escrita. Sólo el Cantar del Mío Cid se ha conservado casi integro.
El auge de estos largos poemas decayó a finales del siglo XIV , pero sus temas y muchos de sus rasgos se mantuvieron en las composiciones que los sustituyeron: los romances.
III. El Poema del Mío Cid
El Poema o Cantar del Mío Cid es el único cantar de gesta que ha llegado hasta nuestros días de manera casi integra.
El poema fue desconocido hasta su publicación en 1779. Ha llegado hasta nosotros en una copia única, hecha en 1307 por un copista de nombre Per Abbat, pero se calcula que debió crearse sobre el año 1140. En cuanto a su autor original, se desconoce quien fue.
En cuanto a la métrica, el Cantar se halla escrito en versos de medida irregular; en torno a la dieciséis silabas, y de rima asonante. Los versos con una misma rima forma una tirada, pero la rima cambia en la tirada siguiente. El número de versos por tirada es variable a lo largo de toda la obra.
En la narración se utilizan diversas perspectivas: domina la actitud objetiva, pero son frecuentes las intervenciones del juglar. Alterna los estilos directo e indirecto, varía los tiempos verbales y acelera o retarda el ritmo de la narración a voluntad; introduciendo elementos humorísticos en los momentos de transición, y tendiendo a la concisión y sobriedad en las descripciones.
El tema principal es el honor del protagonista, perdido y recuperado tras numerosos obstáculos. Toda la estructura del poema esta dividida en torno a este triunfo del héroe, y el poema presenta una unidad de tono y estilos, así como una organización cuidada y sólida para engrandecer la figura del Campeador. Mientras que el Cid es el héroe valiente, caballeroso y honrado, los nobles y ricos suelen ser personajes cobardes y malvados, engrandeciendo así al Cid.
El argumento de la obra se divide en tres cantares o fragmentos:
- Cantar del Destierro. El rey Alfonso I destierra al Cid, quien parte con sus amigos y vasallos hacia el exilio, dejando a su esposa doña Jimena y a sus hijas Elvira y Sol en el monasterio de San Pedro de Cerdeña. El Cid y sus seguidores se enfrentan a los moros: vencen en la batalla de Alcocer y saquean las tierras protegidas por el conde de Barcelona, lo que ocasiona un enfrentamiento contra este. Este primer cantar acaba con la liberación del conde, avergonzado por su derrota.
- Cantar de las bodas. El Cid conquista Valencia, lo que significa el enriquecimiento del héroe y el inicio del perdón del rey, que permite la reunión de toda la familia. Una nueva victoria del Cid, aumenta su poder y riquezas, lo que atrae la codicia de los infantes de Carrión, pertenecientes a la alta nobleza leonesa. Piden la mano de las hijas al rey y se celebran las bodas, a pesar de la oposición del Cid.
- Cantar de la Afrenta de Corpes. Los infantes de Carrión dan muestras de cobardía ante la aparición de un león, y al volver a sus tierras, ultrajan y abandonan a doña Elvira y a doña Sol en el robledal de Corpes. El Cid demanda justicia en las cortes convocadas en Toledo, triunfando a pesar del desprecio de los nobles, derrotando a los infantes y recuperando el honor perdido. Finalmente, se pactan nuevas bodas de las hijas con los herederos de Navarra y Aragón.
Los principales rasgos del estilo de la obra son:
- La actitud arcaizante en el uso de la lengua. Ejemplo claro es el empleo de la –e final paragógica en las palabras. Se había perdido a fines del siglo XI, pero el poeta la mantiene para dar un aire antiguo al relato y facilitar la rima.
- La abundancia y variedad del epíteto épico con que aparecen exaltados personajes y lugares; especialmente, al Cid.
- El ajuste del léxico a las distintas realidades que aparecen en el poema. Todos ellos expresados vivamente, con un vocabulario preciso y diverso.
- El predominio de las oraciones yuxtapuestas y coordinadas sobre las subordinadas.
- El recurso a figuras retóricas, como los paralelismos, las comparaciones y los pleonasmos, pero siempre dentro de la sobriedad y la austeridad estilísticas.
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